Habacuc

SOBRE ESTE DIBUJO
Barriendo una nación sucia hasta dejarla limpia
Utilizando una escoba todavía más sucia
El comienzo de Habacuc parece casi un mal chiste.
Habacuc ve violencia, maldad y destrucción por todas partes. En la esquina superior izquierda del dibujo representé el oráculo del Señor mediante la mano de Dios. Habacuc clama y pregunta cuándo va Dios a hacer algo respecto de todo lo que está viendo.
Dios responde diciéndole que mire, se asombre y se maraville. Él ya está haciendo algo, y Habacuc apenas podrá creer lo que está a punto de ocurrir.
Dios está levantando a los caldeos para que se precipiten sobre Judá y recojan cautivos como arena. Son un pueblo temible, conocido por sus violentos jinetes y su fuerza despiadada. Habacuc escucha que «pasarán como el viento y seguirán adelante».
Apenas puede creer que Dios utilice a un pueblo así como instrumento de Su juicio.
Los caldeos no confían en el Señor. Su fuerza es su dios y dependen enteramente de sí mismos. Dios deja claro que ellos también serán considerados culpables.
El Señor dice a Habacuc que se mantenga vigilante y registre la visión para conservarla hasta el tiempo señalado. Coloqué los rollos a su lado, donde está sentado. El cumplimiento todavía no ha llegado, pero llegará.
Entonces Habacuc encuentra un lugar para esperar, vigilar y reflexionar acerca de los males que se aproximan.
Entiende que Dios va a barrer una nación sucia con una escoba aún más sucia y que, después, desechará también esa escoba.
Habacuc no comprende todo lo que Dios está haciendo, pero sabe que el juicio viene y que los caldeos tampoco escaparán de rendir cuentas.
Por eso ora para que, en medio de la ira, Dios recuerde la misericordia.